Por “el semáforo” cruza el
equilibrio personalizado.
Carmen cocina para una gran cantidad
de personas, todos los días.
Tiene en su cabeza cientos de menús,
todos los días los prepara con mucho cariño y con los mejores productos que
puede encontrar.
No le llega para lo que quisiera,
por eso utiliza mucho la imaginación para conjugar una comida sana y equilibrada
con que sea económica.
Sus clientes se lo agradecen.
Intenta que al menos una vez al día,
su comida sea el momento de esperanza y de alivio de muchas necesidades.
Ella siempre dice: “comer tienen que
comer, por lo menos que esté bueno y que sea variado”.
En su mesa, todos son bien
recibidos.
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