Sábado, 28 de febrero de 2015



La luz verde en “el semáforo” da esperanza.

Esperanza de que todo se puede.

Se puede lo que se intenta.

Se intenta lo que se quiere.

Se quiere lo que necesitas.

Necesitas lo que te falta.

Te falta lo que nunca tuviste.

Tuviste y ahora no te dejan.

No te dejan pero lo mereces.

Lo mereces porque lo has ganado.

Lo has ganado porque eres libre.

Eres libre porque respiras.

Respiras porque vives.

Y vives porque estás muy viva.

Eres mi tierra y te quiero.

Felicidades y orgulloso de ti.


Viernes, 27 de febrero de 2015



A veces, en “el semáforo” sólo ocurren imágenes en la mente de uno.

Pensamos, sentimos y nos olvidamos.

Nos olvidamos de quienes somos.

Y somos sencillamente el resultado de nuestro camino.

Nuestro camino en esta existencia.

Y el resultado no es otro que lo que hemos sembrado durante años.

La vida te da lo que te tiene que dar, ni más ni menos.

Esperar otra cosa no sería sensato.

Esperar que la vida te trate de otra forma no sería sensato.

¿Puedes cambiar eso?

Seguro que sí, pero para ello hemos de tratar a la vida cómo queramos que la vida nos trate a nosotros.

Todo tiene arreglo, incluso la muerte, aunque algunos digan lo contrario.


Jueves, 26 de febrero de 2015



En “el semáforo” parece que hay movimiento.

Lourdes y Carmela se acaban de bajar del autobús.

La mañana ha sido ajetreada.

Pero la tarde lo será más.

Llevan semanas como “unas locas” y lo que aún les queda.

Se acercan las fechas y los encargos se acumulan.

Como siempre, lo dejamos todo para el final, y ellas lo sufren en silencio.

Pero tal y como están las cosas, como para dejar de aceptar un encargo.

Ya habrá tiempo para descansar, lo importante es que finalmente vayan saliendo de su taller todas y cada una de las “costuras”.

Aún queda faena.


Miércoles, 25 de febrero de 2015



En “el semáforo” hay dos velocidades.

La velocidad de Soledad, que lleva varias marchas más que la velocidad de Amparo.

Amparo y Soledad son madre e hija.

Amparo suele ir atada al móvil, ¡Chica, cosas del trabajo!.

Sin embargo Soledad no lo usa mucho, casi nada, y tiene, claro que tiene móvil.

Pero son de esas personas que les gusta hablar con sus amigas y amigos, ¡mira que tontería!.

Y cuando digo hablar, me refiero a hablar cara a cara, vamos como antes.

En fin, parece que la vieja tradición de la charla todavía se cultiva y entre jóvenes.

Todavía no pierdo la esperanza.