Jueves, 16 de abril de 2015



Hoy en “el semáforo” estamos de cháchara.

¡Cómo nos gusta una charleta!.

La verdad es que viene muy bien, te oxigena.

Te oxigena la mente, te oxigena el corazón y te oxigena el alma.

Cuando charlamos con un amigo, el tiempo se detiene.

La vida se adormece y le vamos ganando esos minutos al tiempo.

Cuando charlamos nos crecemos como personas, y me refiero cuando charlamos con el corazón en la mano y el espíritu en la boca.

Cuando charlamos así estamos demostrando al otro cuánto lo respetamos y cuánto lo necesitamos.

La charla nos confiere ese aire de confesionario que de vez en cuando necesitamos pisar para expiar nuestras cuitas.

La charla nos hace más humanos y más cercanos.

La charla nos acerca a lo más divino y a lo más transcendente.

La charla, al fin y al cabo, nos diferencia de otros seres vivos.

La charla nos hace, en definitiva, más humanos.


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