Hoy en “el semáforo” estamos de cháchara.
¡Cómo nos gusta una charleta!.
La verdad es que viene muy bien, te
oxigena.
Te oxigena la mente, te oxigena el
corazón y te oxigena el alma.
Cuando charlamos con un amigo, el
tiempo se detiene.
La vida se adormece y le vamos
ganando esos minutos al tiempo.
Cuando charlamos nos crecemos como
personas, y me refiero cuando charlamos con el corazón en la mano y el espíritu
en la boca.
Cuando charlamos así estamos
demostrando al otro cuánto lo respetamos y cuánto lo necesitamos.
La charla nos confiere ese aire de
confesionario que de vez en cuando necesitamos pisar para expiar nuestras
cuitas.
La charla nos hace más humanos y más
cercanos.
La charla nos acerca a lo más divino
y a lo más transcendente.
La charla, al fin y al cabo, nos
diferencia de otros seres vivos.
La charla nos hace, en definitiva,
más humanos.
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