En “el semáforo” te desplazas por el
sendero de la iluminación.
La cara oculta de la luna es la cara
de la esperanza, aunque no vista pero tiene luz.
Descubrir la vida viviendo la propia
vida.
Como si fuera un flash que ilumina
por un instante fugaz, pero te enseña por dónde caminar.
Como una luciérnaga que posada en tu
sombrero te guía por los más zigzagueantes caminos.
Como el faro que los caminantes
seguimos de día.
La sinuosidad de los recovecos del
corazón amenazan con interrumpir tu caminar, pero la luz cegadora de la
esperanza impide el traspié y acumulas paso tras paso hasta llegar a tu
destino.
La nueva luz se abre paso y enseña
los dientes para advertir a navegantes que la lámpara del amor está encendida
de nuevo y que chisporrotea de acaudalado espíritu de superación y de lucha.
Las maniobras orquestales siguen
subiendo el tono, la música suena en tu interior y las voces cantan sin parar.
Ha llegado para quedarse, la ilusión
es inusitada y la sedimentación es a ras de piel.
La luz ha ganado a las tinieblas.
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