Por “el semáforo” se percibe el olor
a olvido.
La palabra olvido suena a pasado y a
haber perdido el tren.
La palabra olvido arrincona en
nuestra materia gris y no lo encontramos.
La palabra olvido desatiende el
recuerdo y es como una cicatriz que entierra los sueños.
La palabra olvido presagia el
despiste y oxida nuestras neuronas, para aquellos que tengan más de una.
La palabra olvido, en definitiva,
llama a la rebelión del desencuentro y la indiferencia.
Para luchar contra ella, el
reverdecer de la memoria, la reconstrucción del recuerdo y la remembranza de la
propia vida.
Quien olvida, descansa.
Pero yo prefiero, vivir y ser
vivido.
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