Por “el semáforo” se escuchan chifles.
Y no precisamente silbos de música
celestial.
Más bien voces agudas y penetrantes como
la de algunos animales, tipo las sierpes.
Enroscadas y preparadas para el
ataque.
Viperinas y venenosas.
Astutas cuales vulpes atornilladas
al cuello.
Estrangulando la voz para extraer la
resina de la concordia.
Que se alimentan de bilis y
enarbolan la bandera de la liberación.
Son la palpable muestra del
desprecio y la arrogancia.
¿Cómo se ahuyenta a la pútrida?.
Con palmadas, como siempre se ha
hecho y siempre se hará.
Las bestias a la carrera.

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