Domingo, 10 de mayo de 2015



En “el semáforo” se habla y se deja hablar.

Se mantiene la correlación de fuerzas y se dispara el diálogo.

No hay mejor conversación que la que tienes con un igual.

Nadie es mejor que nadie y nadie es más que nadie.

Todos tenemos nuestro sitio y nuestra hora.

Para hablar y entenderse sólo hace falta querer.

Después podremos o no estar de acuerdo, eso es harina de otro costal.

Pero la palabra da la razón y es la misma razón la que da la palabra.

Lo demás son tonterías.


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