En “el semáforo” se habla y se deja
hablar.
Se mantiene la correlación de
fuerzas y se dispara el diálogo.
No hay mejor conversación que la que
tienes con un igual.
Nadie es mejor que nadie y nadie es
más que nadie.
Todos tenemos nuestro sitio y
nuestra hora.
Para hablar y entenderse sólo hace
falta querer.
Después podremos o no estar de
acuerdo, eso es harina de otro costal.
Pero la palabra da la razón y es la
misma razón la que da la palabra.
Lo demás son tonterías.
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