Miércoles, 20 de mayo de 2015



Por “el semáforo” se destilan las esencias.

Olores cercanos y de infancia.

Aromas del recuerdo y la adolescencia.

Fragancias del ahora y nuestra vida.

Un perfume que te hace entumecer el cerebro.

Partirte los sesos dónde lo has olido antes.

Un perfume que continúa cuando ya no está.

Un mensaje subliminal que no pasa desapercibido.

Un reclamo a la memoria.


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