Por “el semáforo” se destilan las
esencias.
Olores cercanos y de infancia.
Aromas del recuerdo y la
adolescencia.
Fragancias del ahora y nuestra vida.
Un perfume que te hace entumecer el
cerebro.
Partirte los sesos dónde lo has
olido antes.
Un perfume que continúa cuando ya no
está.
Un mensaje subliminal que no pasa
desapercibido.
Un reclamo a la memoria.

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