Por “el semáforo” se avecinan tiempos
modernos.
La modernidad abarca desde el ayer
hasta el mañana, pasando por el hoy.
La mente se llena de nuevas
ilusiones y de nuevos bríos.
Las vivencias consuelan al pasado,
viven el presente y vaticinan el futuro.
La sinrazón de la eternidad se
muestra en el espejo, pero tú ya no eres el que eras y la pasión por la música
te hace resbalar entre tantas babas.
Enmudeces, el silencio es vivo
reflejo de tu pasado, la falta de perspectiva te hace vacilar y la lengua se
llena de alambradas electrificadas que hacen saltar hasta las hormigas.
Los estertores de la gran batalla
expresan lo sufrido, pero no se ha perdido el tiempo, te lo has comido y lo
celebras con un buen caldo rojizo y espumoso.
El camino se ha hecho corto, pero
aún quedan más paradas.
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