Por “el semáforo” levamos la mochila
a la espalda.
Esa pesada mochila que nos da la
experiencia.
Esa experiencia que nos hace ser
menos frágiles ante los embates de las circunstancias.
Esas circunstancias que, a veces,
son nuevas y otras que son cíclicas.
Ciclos de la existencia que vivimos
de manera diferente.
Diferentes somos cada día, cada
minuto, cada segundo, pero al fin y al cabo, nosotros mismos.
Una propia identidad que nos
marcamos, evolucionemos o no evolucionemos.
Y sea cómo fuera, y sea cuándo sea,
tiramos de la mochila, acometemos el problema y lo sacamos adelante.
Y vuelta a cargar con la mochila
hasta la próxima estación.
Esto no es el fin del trayecto, el
viaje de nuestra existencia continua.
La vida está cargada o vamos
cargados por la vida.
Dichosa carga y más venturosa
mochila.
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