Sábado, 28 de marzo de 2015



Ante el pecado “capital” de la pereza tenemos la diligencia.

A veces, nos da pereza hacer ciertas cosas.

Si se trata de nuestras obligaciones laborales, educativas o personales, la cosa no pinta bien.

Si se trata de otras labores menores, tampoco pinta bien.

Eso de “más vale tarde que nunca” no tiene precio.

Pero, ¿y si ya llegamos tarde? ¿y si ya no tiene arreglo?.

Uff, la cosa no tendrá arreglo.

Cada cosa a su tiempo y un tiempo para cada cosa.

Así que manos a la obra.


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