Ante el pecado “capital” de la
pereza tenemos la diligencia.
A veces, nos da pereza hacer ciertas
cosas.
Si se trata de nuestras obligaciones
laborales, educativas o personales, la cosa no pinta bien.
Si se trata de otras labores
menores, tampoco pinta bien.
Eso de “más vale tarde que nunca” no
tiene precio.
Pero, ¿y si ya llegamos tarde? ¿y si
ya no tiene arreglo?.
Uff, la cosa no tendrá arreglo.
Cada cosa a su tiempo y un tiempo
para cada cosa.
Así que manos a la obra.
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