En “el semáforo” también se cometen
pecados (y II).
Ante el pecado “capital” de la avaricia
tenemos la generosidad.
La generosidad de nuestros padres,
privándose de todo para que no nos faltara de nada.
La generosidad de nuestros abuelos,
dónde una sonrisa lo curaba todo.
La generosidad de nuestros amigos,
que ahí están cuando más se les necesita.
La generosidad de nuestras parejas,
la vida no sería la misma.
La generosidad de un ser anónimo,
que te alegra el día.
Fíjate en ellos, ser mejor persona
es posible.
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