Hoy, la actividad en “el semáforo”
se encuentra en la otra orilla.
Me gusta más esa expresión que “en
la otra acera”.
La otra orilla, esa dicotomía de un
todo.
Las orillas de un río, que no pueden
existir una sin la otra.
Las orillas de un abrazo, entre dos
e imposible con uno sólo.
Las orillas de dos pueblos, separados
desde hace años y con hermanos en ambas fronteras.
Las orillas de un bocata, pan, entremedio
algo para dar sustancia y otra vez pan, ya que de otra forma sería una “tostá”.
Las orillas de un ojal, sustentando
a un botón.
Las orillas como Buda y Pest,
separadas por el Danubio.
Orillas, pero siempre con vida y
siempre avanzando, en una o en otra dirección.
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