Caminan con paso firme, como
sabiendo a dónde van y cuándo han de llegar.
Hoy, “el semáforo” está muy
transitado.
La calle está llena de vida, y que
no falte.
Necesitamos de esta actividad para
no retroceder, para reactivar la fe, para mirar cara a cara al porvenir, para
llenarnos de valor y gritar a los cuatro vientos:
¡Aquí estoy! ¡No vuelvo la cara!
¡Seguiré! ¡Sobreviviré!
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