Hoy me quiero centrar en alguien que
precisamente no cruza “el semáforo” y que tampoco aparece en la foto, pero sí
su herramienta de trabajo: el cartero.
A mí, personalmente, la figura del
cartero me recuerdan: largas conversaciones en la distancia con familiares y
amigos; alegrías y algunas tristezas; la ilusión renovada al llegar a casa y
ver que el cartero había traído una misiva; más que una carta, era un
microrelato que alguien ponía a tu entera disposición, en dónde abría lo más
recóndito de su ser, de sus sentimientos, de su vida y llegabas a hablar con él
o ella sin vocalizar ni una palabra.
¡Qué recuerdos me trae el cartero!
Eso ya no pasa, o al menos a mí.
Ahora que se presente el cartero en tu puerta sólo puede suponer una mala
noticia en forma de notificación de algo importante, grave u oficial. Y si lo
echa en el buzón, normalmente de facturas no pasa.
La vida cambia y la moto del cartero
espera su siguiente parada.
¿Qué noticias llevará?.
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