Jueves, 15 de enero de 2015



Hoy me quiero centrar en alguien que precisamente no cruza “el semáforo” y que tampoco aparece en la foto, pero sí su herramienta de trabajo: el cartero.

A mí, personalmente, la figura del cartero me recuerdan: largas conversaciones en la distancia con familiares y amigos; alegrías y algunas tristezas; la ilusión renovada al llegar a casa y ver que el cartero había traído una misiva; más que una carta, era un microrelato que alguien ponía a tu entera disposición, en dónde abría lo más recóndito de su ser, de sus sentimientos, de su vida y llegabas a hablar con él o ella sin vocalizar ni una palabra.

¡Qué recuerdos me trae el cartero!

Eso ya no pasa, o al menos a mí. Ahora que se presente el cartero en tu puerta sólo puede suponer una mala noticia en forma de notificación de algo importante, grave u oficial. Y si lo echa en el buzón, normalmente de facturas no pasa.

La vida cambia y la moto del cartero espera su siguiente parada.

¿Qué noticias llevará?.


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