¡Uff! ¡Cómo pesa!
Ya estoy cansada, toda la mañana en
la calle.
Las patatas, las dichosas patatas me
están moliendo la espalda.
Y ahora hay que cortarlas.
Pero todo tiene un precio, y no hago
nada más que pensar en mi nieta que para cuando llegue a casa del colegio, ya tenga
preparada su tortilla.
¡Con lo que le gusta una buena
tortilla de patatas!
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