En “el semáforo” soñamos.
Un sueño que podría materializarse
en realidad.
Una ilusión que no es óptica.
Una posible quimera que nos alcanza
de lleno.
La posibilidad de que se cumpla es
mínima.
Pero ahí está el estado de ánimo
para no desfallecer.
Para no ahogarse en la orilla.
Nunca perder la esperanza.
Nunca no intentarlo.
Nunca rendirse.
La posibilidad está y eso es lo que
importa.
¡Vamos!.

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