En “el semáforo” llega el verano.
Y no precisamente al estilo de un
centro comercial.
Ni tampoco al estilo de una revista
de moda.
Llega el estío, con todo su ropaje
del averno.
La canícula por vestimenta.
La deshidratación y la flama.
El morir en la calle hasta altas
horas.
La sed de salir y la espera hasta
que Don Lorenzo quiera.
El alma empapada en sudor.
Fiebre por refrescar el gaznate.
La lucha por una ducha.
La resaca de las piscinas.
O la resaca de las olas en una playa
tranquila.
Vuelta al verano.

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