En "el semáforo" vemos lo
que vemos.
El ojo inquisidor de la cámara no
miente.
Tan sólo exponemos la realidad
diaria.
Aquí pueden existir diferencias de
matices.
Pero no escondemos el contexto.
Lo mostramos sin ambages.
Es lo que es y no hay más.
Tan sólo nos permitimos la licencia
de imaginar.
De recrear una situación.
De darle vida animada a una imagen
estática.
La transcendencia de lo intranscendente.
La ficción de la realidad.
El poder de la fantasía.
La ilusión de la verdad.

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