En "el
semáforo" veneramos.
A ídolos de pies de
barro.
Los tenemos consagrados
y santificados.
Bebemos de sus fuentes.
Amores platónicos.
Suspiramos, nos rendimos
a sus pies, respiramos su aire, comemos de sus manos, son seres sagrados y
amantísimos consocios.
Creemos y aceptamos sus
obras.
Hasta el final, pase lo
que pase, pese a quien le pese.
Dioses de un Olimpo
terrenal y de una iglesia laica.
Verdades como puños.
Hasta que penetran en
tu interior y seas cautivo de sus prácticas.
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