Por "el
semáforo" de puerta en puerta.
Rafaela tiene una
misión complicada.
La verdad asusta.
Vender lo que vende es
fácil.
Lo difícil es que te
abran la puerta.
Todavía hay personas
muy reticentes.
No creen, es más, lo
ven mal.
Sin embargo, si te
encuentras a un “creyente”, todo va sobre ruedas.
Se venden como
rosquillas.
Es un placer.
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