Miércoles, 04 de febrero de 2015



Cruzando “el semáforo” se vislumbra el futuro.

Se recuerda la infancia que fue y se fue.

La infancia nuestra que no recordamos, faltaría más.

La infancia de nuestros vástagos, que recordamos y recordaremos.

La inocencia, la limpieza de alma y espíritu.

¡Quién fuera infancia toda la vida!

Nos ahorraríamos muchos disgustos y muchos sufrimientos.

Pero no hay que demostrar nada a nadie.

Por ello, sigo reivindicando mi derecho a ser infancia de por vida.

Hoy me siento infancia, mañana también.


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