En “el semáforo” la importancia de
las cosas es relativa.
Y es relativa porque de un semáforo
a otro se puede pasar de la más absoluta actividad a la inactividad más
absoluta.
Se puede pasar de hacer las cosas
bien a hacer las cosas mal.
Se puede pasar del placer más
deleitante al más nauseabundo de los placeres.
Se puede pasar de tener una
confianza de hierro a la más endeble de las confianzas.
Todo es muy relativo.
La relatividad gobierna nuestro
mundo.
¡Qué haríamos sin lo relativo de la
vida!.
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