Hoy en “el semáforo” Julián, en
primer término, y Felipe, al fondo, se han cruzado y ni se han mirado.
No tienen motivos para hacerlo, no
se conocen.
Pero tampoco tienen motivos para no
hacerlo.
¿Con cuántas personas como Julián o
Felipe nos cruzamos a diario?
¿A cuántas de ellas miramos?
Creo a pocas, sinceramente.
La vida no nos ha enseñado a mirar
salvo cuando queremos algo.
Pero desde este observatorio en el
que día a día “miro el semáforo”, me he dado cuenta que al mirar, veo. Y al
ver, siento. Y al sentir, vivo.
No sé, estaré chocheando.
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