En "el
semáforo" después de la tempestad.
No siempre viene la
calma.
Las marejadas
permanecen.
Los síntomas continúan.
Los padecimientos
siguen.
Las fatiguitas se prolongan.
¡Qué mal cuerpo, mare
mía!.
La cabeza tiene vida
propia.
Y el cuerpo va por
libre.
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